A Mme. Moda Mónica Parga
Rue Cambon 31 Madrid
Rue Cambon 31 Madrid
Paris
Querida Moda,
¿Qué tal estás? ¿Qué ropa te has puesto hoy? ¿Qué se llevará la temporada que viene? ¿Y dentro de dos años? ¿Y de 100? ¿Cómo vestirá la gente? ¿Llevarán esos trajes plateados que salen en las películas? ¿Existirá Zara todavía? ¿Cuánto valdrá un Birkin? Vale, vale, dejo ya las preguntas. Es que hay tantas cosas que siempre he querido saber… Es injusto. La moda es muy injusta. Tú eres injusta. Un invierno se lleva el tartán y al siguiente no. ¡Eres demasiado cambiante! La ropa más bonita es la más cara, y la barata no dura nada. Y si hay algo bonito y de precio aceptable, no les quedan tallas. Por mucho que compre, nunca tengo nada que ponerme, y en el armario no cabe ni un jersey más. Cada vez hay menos talleres artesanales y para producir hay que irse a países a miles de kilómetros de distancia. Las grandes casas de moda no dejan espacio a los nuevos diseñadores, y los grupos empresariales poderosos controlan la mayor parte del pastel. Y al decir que nos gusta la moda nos miran como si fuese la cosa más frívola del mundo. Deberías estar indignada.
Pero también tienes cosas buenas, muchas. Es difícil explicar lo que se siente al asistir al primer desfile de tu vida. Ver los andares de las modelos, el vuelo de un vestido de seda ondeando sobre la pasarela, el sonido de los cientos de flashes que aparecen como una luz al final del túnel. El momento en el que vuelven a salir todas las modelos y la gente aplaude. El saludo tímido del diseñador, feliz de haber presentado por fin sus diseños. Las crónicas de las colecciones. Las fotos del backstage. Los estilismos de los famosos de la primera fila. Los estilismos de Anna dello Russo. El tupé de Suzy Menkes. La mirada de Anna Wintour. La sonrisa de Coco Rocha. Los tatuajes de Marc Jacobs. Las portadas de Vogue Paris. Las colecciones de Alta Costura de Givenchy. El rojo Valentino. El little black dress de Chanel. La genialidad de John Galliano para Dior. Las fotografías de Richard Avedon. La mirada de Steven Meisel. El ojo de Mario Testino. La lente de Annie Leibovitz. Las palabras de Diana Vreeland. La extravagancia de Karl Lagerfeld. La piel de Dita von Teese. Y Alexander McQueen. Gracias.
Si no fuera por ti, no sé cómo vestiríamos. Quizás todos de uniforme, todos iguales y sin diferencias. No habría manera de percibir aquellas cosas que nos transmite la ropa que una persona ha elegido ese día. Ni si es más de Nike que de Adidas, o si el Louis Vuitton que lleva es auténtico o se lo compró a un hombre que pasaba por la playa. No sabríamos si le gusta llevar los cordones abrochados, si le gusta más el negro o prefiere los colores alegres. Si lleva la ropa impecable y planchada, y por lo tanto es alguien ordenado y responsable, o por el contrario, es más bien descuidado y le falta un botón a su camisa y se ha puesto calcetines distintos. Si es skater, o rapero, o preppy, o pijo, dandy, fashion victim, macarra, punk, gótico… No podríamos saber nada de eso. Si no existieras, nos faltaría algo. El estilo.
Espero tu respuesta con ganas. Ah, y se me olvidaba, ¿cuál es tu diseñador favorito?
Hola wapa, no había leido esta carta ni conocía esa revista la echaré un ojo!!
ResponderEliminarSuerte en el examen!!
Lo primero que pillo *LPQP*
Bss, Lau
Vamos a por el martes ;)
Suerte con tu examen ;)
ResponderEliminargracias chicas!!
ResponderEliminarPero que texto tan increible! Me ha encantado :)
ResponderEliminarhttp://valentinamode.blogspot.com
me alegro espero que también te guste el resto de mi blog. Besis
ResponderEliminarHolaa me alegro de que te haya gustado mi blog y me sigas. Me pasaré por el tuyo lo antes posible. Besis
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